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martes, 14 de octubre de 2008

Galileo tenia Razon sin contradecir las escrituras



ESTAMOS a 22 de junio de 1633. Un débil anciano está arrodillado ante el tribunal de la Inquisición romana. Es un hombre de ciencia, uno de los más conocidos de la época. Sus conclusiones científicas son el resultado de largos años de estudio e investigación. No obstante, si desea salvar su vida, debe negar lo que sabe que es cierto.

Este hombre se llamaba Galileo Galilei. El "caso Galileo", como muchos lo denominan, ha originado dudas, preguntas y una polémica cuyos ecos llegan hasta el día de hoy, unos trescientos setenta años después. Sin duda ha dejado una huella indeleble en la historia de la religión y la ciencia. Pero ¿por qué ha causado tanto revuelo? ¿Y por qué se ha convertido nuevamente en noticia en nuestros días? ¿Acaso porque simboliza una "brecha entre la ciencia y la religión", como dijo cierto autor?

Muchas personas consideran a Galileo, que destacó como matemático, astrónomo y físico, el "padre de la ciencia moderna". Fue uno de los primeros hombres que escudriñaron los cielos con un telescopio, y empleó sus observaciones para sustentar una teoría que era objeto de candente debate en su día: que la Tierra gira alrededor del Sol y que, por lo tanto, no es el centro del universo. Esto explica por qué a veces se lo ve como el creador del método experimental moderno.

¿Cuáles fueron algunos de sus descubrimientos e inventos? En su papel de astrónomo descubrió, entre otras cosas, que Júpiter tiene satélites, que la Vía Láctea está formada por estrellas, que en la Luna hay montañas y que Venus experimenta fases al igual que la Luna. Como físico, estudió las leyes que rigen el movimiento de los péndulos y la caída de los objetos.
También inventó instrumentos como el compás proporcional, una especie de regla de cálculo. Y basándose en datos llegados de Holanda, construyó el telescopio que puso el universo al alcance de sus ojos.

Su prolongado enfrentamiento con la jerarquía eclesiástica, sin embargo, transformó la trayectoria de este ilustre científico en un drama: el caso Galileo. ¿Cómo empezó y por qué?
Conflicto con Roma

Ya a finales del siglo XVI, Galileo había adoptado la teoría de Copérnico. Según esta, la Tierra gira en torno al Sol, y no al revés, lo que se conoce como sistema heliocéntrico.
En 1610 descubrió con su telescopio cuerpos celestes que nunca antes se habían observado, y se convenció de que había encontrado la confirmación de dicha teoría.

Según el Grande Dizionario Enciclopedico UTET, el objetivo de Galileo no era sencillamente realizar estos descubrimientos. Deseaba persuadir a "los personajes de mayor categoría de la época (príncipes y cardenales)" de la veracidad de la teoría de Copérnico.
Abrigaba la esperanza de vencer las objeciones de la Iglesia, e incluso ganar su apoyo, con la ayuda de amigos influyentes.

En 1611, Galileo viajó a Roma para reunirse con altos cargos eclesiásticos.
Pero, aunque utilizó el telescopio a fin de mostrarles sus descubrimientos astronómicos, las cosas no resultaron como había esperado.
Para 1616, Galileo era oficialmente objeto de investigación.

Los teólogos de la Inquisición romana calificaron la teoría heliocéntrica de "filosóficamente insensata y absurda, y formalmente herética, ya que en muchos aspectos contradice de forma expresa las oraciones de las Sagradas Escrituras en su significado literal, su interpretación común y la opinión de los Santos Padres y de los doctores en teología".

Galileo se reunió con el cardenal Roberto Bellarmino, considerado el mayor teólogo católico de sus días y apodado "el martillo de los herejes". Este advirtió de manera formal a Galileo que dejara de propagar sus ideas acerca de un sistema heliocéntrica.
Cara a cara con la Inquisición

Galileo intentó actuar con prudencia, pero sin dejar de defender la teoría de Copérnico. Diecisiete años después, en 1633, compareció ante el tribunal inquisidor. Aunque el cardenal Bellarmino ya había muerto, para ese entonces su principal opositor era el papa Urbano VIII, quien en el pasado le había favorecido. Algunos autores han considerado este proceso uno de los más famosos e injustos de la antigüedad, equiparable a los de Sócrates y Jesús.

¿Qué condujo a la celebración del juicio? Galileo había escrito un libro titulado Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo, en el cual, como era de esperar, defendía el heliocentrismo. En 1632 fue citado ante el tribunal, pero como estaba enfermo y contaba casi 70 años, se demoró. Para evitar que lo arrestaran y lo llevaran encadenado, finalmente viajó a Roma al año siguiente. Por orden del Papa, Galileo fue interrogado e incluso amenazado con ser sometido a torturas.

La cuestión de si este anciano enfermo fue torturado o no sigue desatando polémica.
En conformidad con la sentencia condenatoria, lo sometieron a un "riguroso examen", expresión técnica con la que se aludía a la tortura en aquella época, según Italo Mereu, historiador de Derecho italiano. Otros eruditos concuerdan con esta interpretación.

En cualquier caso, Galileo fue condenado el 22 de junio de 1633 en una austera sala ante los miembros del tribunal inquisidor.
Se le declaró culpable de "haber defendido y creído la doctrina falsa, contraria a las Sagradas y Divinas Escrituras, de que el Sol [...] no se desplaza de este a oeste, y de que la Tierra se mueve y no es el centro del mundo".

Puesto que Galileo no quería convertirse en mártir, tuvo que retractarse. Tras la lectura de su sentencia, el anciano científico, de rodillas y ataviado como un penitente, declaró con solemnidad: "Abjuro, maldigo y aborrezco los susodichos errores y herejías [la teoría de Copérnico], y en general cualquier otro error, herejía y secta contraria a la Santa Iglesia".

Según la tradición popular —sin pruebas de peso que la confirmen—, después de haberse retractado, Galileo golpeó el suelo con el pie y protestó: "¡Y sin embargo se mueve!". Los comentaristas afirman que la humillación de haber abjurado de sus descubrimientos mortificó al científico hasta la muerte. Su condena a prisión se conmutó por la de arresto domiciliario de por vida. Y a medida que perdía la vista, fue quedándose prácticamente aislado.

¿Conflicto entre la religión y la ciencia?

Muchas personas han llegado a la conclusión de que la experiencia de Galileo demuestra que la ciencia y la religión son irremediablemente incompatibles. De hecho, a lo largo de los siglos su caso no solo ha distanciado a la gente de la religión, sino que ha convencido a muchos de que esta es por naturaleza una amenaza para el progreso científico. Pero ¿es eso cierto?

El papa Urbano VIII y los teólogos de la Inquisición romana condenaron la teoría copernicana alegando que era contraria a la Biblia. Los detractores de Galileo citaban las palabras de Josué "Sol, tente inmóvil", las cuales, según ellos, había que entender literalmente (Josué 10:12). Sin embargo, ¿de veras contradecía la Biblia la teoría de Copérnico? De ningún modo.

Lo que estaba en contradicción con la ciencia era una evidente interpretación errónea de las Escrituras. Así lo veía Galileo. En una carta a un discípulo suyo escribió: "Aunque la Escritura no puede errar, con todo podría a veces errar, de varias maneras, alguno de sus intérpretes y expositores. Una de estas, muy grave y frecuente, sería la de siempre querer interpretarla en el sentido más literal". Ningún estudiante serio de la Biblia negaría esta aseveración.

Galileo fue más allá. Afirmó que dos libros escritos por el mismo Autor —la Biblia y el libro de la naturaleza— no podían contradecirse el uno al otro. Pero añadió que nadie podía "asegurar con certeza que todos los intérpretes hablaran por inspiración divina". Es probable que esta crítica implícita de la interpretación oficial de la Iglesia se tomara como una provocación y fuera la causa de que la Inquisición romana condenara al científico. A fin de cuentas, ¿cómo osaba un simple laico criticar las prerrogativas de la Iglesia?

Basándose en el caso de Galileo, varios eruditos han planteado dudas sobre la infalibilidad de la Iglesia y del Papa. El teólogo católico Hans Küng señala que "los errores del magisterio de la Iglesia son muchos y graves", y que algunos de estos, como "la condenación de Galileo", han provocado desconfianza hacia el dogma de la infalibilidad.
¿Rehabilitar a Galileo?

En noviembre de 1979, un año después de su elección, Juan Pablo II confiaba en que se revisara la situación de Galileo, quien, como el propio Papa admitió, "sufrió mucho [...] por la acción de hombres y organismos de la Iglesia". Trece años más tarde, en 1992, una comisión designada por el mismo Papa reconoció: "Algunos teólogos contemporáneos de Galileo no supieron interpretar el significado profundo, no literal, de las Escrituras, cuando éstas describen la estructura física del universo creado".

No obstante, la teoría heliocéntrica no fue criticada únicamente por los teólogos. El papa Urbano VIII, que desempeñó un importante papel en el proceso de Galileo, insistía de manera inflexible en que este se abstuviera de socavar la doctrina eclesiástica de siglos de antigüedad de que la Tierra es el centro del universo. Pero tal enseñanza no procedía de la Biblia, sino del filósofo griego Aristóteles.

Después de que esta comisión moderna hiciera una laboriosa revisión del caso, el Papa dijo que la condena de Galileo había sido "una decisión apresurada y desafortunada". Ahora bien, ¿se rehabilitó al científico? "Hablar, como algunos hacen, de la rehabilitación de Galileo es absurdo —señala cierto autor—, porque la historia no condena a Galileo, sino al tribunal eclesiástico." El historiador Luigi Firpo añade: "No les corresponde a los perseguidores rehabilitar a sus víctimas".

La Biblia es "una lámpara que resplandece en un lugar oscuro" (2 Pedro 1:19). Galileo quiso protegerla de una mala interpretación. Pero la Iglesia, al respaldar una tradición humana que desacreditaba a la Biblia, hizo todo lo contrario.

Todo lector honrado convendrá en que la declaración de que el Sol se quedó inmóvil en el cielo no se produjo como resultado de un análisis científico, sino que fue un simple comentario de lo ocurrido desde la perspectiva de un testigo ocular humano. Del mismo modo, los astrónomos hablan a menudo de la salida y la puesta del Sol, los planetas y las estrellas, y con ello no están diciendo que dichos cuerpos celestes giren literalmente alrededor de la Tierra, sino que parecen cruzar el cielo.
Biografía de Galileo

Nacido en Pisa en 1564 de padre florentino, Galileo estudió medicina en la universidad de su ciudad natal. Su escaso interés en esta disciplina le llevó a abandonarla por los estudios de física y matemáticas. En 1585 regresó con su familia sin haber obtenido ninguna titulación académica.
Aun así, pudo acceder al puesto de profesor de Matemáticas de la Universidad de Pisa porque se había ganado la estima de los mayores entendidos en esa materia de su día. Tras la muerte de su padre, las dificultades económicas lo obligaron a mudarse a Padua, donde lo nombraron para un cargo más lucrativo, el de catedrático de Matemáticas en la universidad de la ciudad.

Durante los dieciocho años que Galileo residió en Padua, tuvo tres hijos con su joven amante veneciana.
En 1610 volvió a Florencia, donde mejoró su situación económica y pudo dedicar más tiempo a la investigación, aunque tuvo que sacrificar la libertad de la que había disfrutado en el territorio de la República Veneciana. El gran duque de Toscana lo nombró "primer filósofo y matemático". Galileo murió en Florencia en 1642, mientras se hallaba bajo arresto domiciliario a consecuencia de la sentencia condenatoria de la Inquisición.
Gentileza : www.watchtower.org

domingo, 31 de agosto de 2008

Genios de la Astronomia : Galileo Galilei

Los 2 Anteojos de Galileo

Observa 4 lunas alrrededor de Jupiter
Galileo defiende su descubrimiento

"La tesis del doble movimiento de la Tierra, sobre su eje y alrededor del Sol, es falsa y completamente opuesta a la Santa Escritura", afirmó la Congregación del Índice de la Iglesia Católica en un decreto de 1616.1 ¿Discrepa realmente la Biblia de los hechos científicos? ¿O es que la han tergiversado?

EN EL invierno de 1609 a 1610, Galileo Galilei dirigió al cielo el anteojo que acababa de fabricar y descubrió cuatro lunas que daban vueltas alrededor de Júpiter. Aquel hallazgo desbarató la idea, común en aquel tiempo, de que todos los cuerpos celestes giraban en torno a la Tierra. Años antes, en 1543, el astrónomo polaco Nicolás Copérnico había formulado la teoría de que los planetas describían órbitas alrededor del Sol. Galileo comprobó que esta era una verdad científica.

No obstante, para los teólogos católicos se trataba de una idea herética. La Iglesia había sostenido por mucho tiempo que la Tierra era el centro del universo.2 Aquella postura se fundaba en una interpretación literal de textos bíblicos que dicen que la Tierra está cimentada "sobre sus bases, y no vacilará por los siglos de los siglos". (Salmo 104:5, Pontificio Instituto Bíblico.) Galileo tuvo que ir a Roma para comparecer ante la Inquisición, que lo sometió a un interrogatorio riguroso, lo obligó a retractarse de sus descubrimientos y lo puso en detención domiciliaria hasta el fin de sus días.

En 1992, unos trescientos cincuenta años después de su muerte, la Iglesia Católica reconoció al fin que, después de todo, la idea de Galileo era la correcta.3 Pero si él tenía razón, ¿estaba equivocada la Biblia?

El verdadero sentido de los pasajes bíblicos

Galileo creía que la Biblia era veraz. Cuando sus descubrimientos científicos contradijeron la interpretación común de ciertos versículos bíblicos, llegó a la conclusión de que los teólogos no habían entendido el auténtico significado de los pasajes. Al fin y al cabo, "dos verdades no pueden contraponerse nunca", escribió.4 Propuso la explicación de que los términos precisos de la ciencia no contradicen el lenguaje común de la Biblia. Pero los teólogos no se dejaban convencer. Insistían en que todas las afirmaciones bíblicas acerca de la Tierra debían tomarse al pie de la letra. Como consecuencia, no solo rechazaron los descubrimientos de Galileo, sino que también perdieron de vista el verdadero sentido de esas expresiones bíblicas.

En realidad, el sentido común debería dictar que cuando la Biblia habla de "los cuatro ángulos de la tierra", no quiere decir que sus escritores entendieran que la Tierra era literalmente cuadrada. (Revelación 7:1.) La Biblia está escrita en el lenguaje de la gente común, por lo que a menudo utiliza metáforas gráficas. De modo que cuando dice que la Tierra tiene "cuatro ángulos", un "fundamento" perdurable, "pedestales" y una "piedra angular", no está describiendo científicamente la Tierra; es obvio que está utilizando metáforas, como lo hacemos nosotros frecuentemente en el habla diaria. (Isaías 51:13; Job 38:6.)

En su libro Galileo Galilei, el biógrafo L. Geymonat escribió: "Los teólogos de mentalidad excesivamente estrecha, que pretenden basarse en los razonamientos bíblicos para fijar límites a la ciencia, no hacen más que desacreditar a la Biblia misma".5 Eso fue exactamente lo que hicieron. De hecho, fue la interpretación de los teólogos, no la Biblia, la que puso trabas irrazonables a la ciencia.

De igual modo, los fundamentalistas religiosos contemporáneos tergiversan la Biblia cuando insisten en que la Tierra fue creada en seis días de veinticuatro horas. (Génesis 1:3-31.) Esa opinión no concuerda ni con la ciencia ni con la Biblia. En las Escrituras, al igual que en el habla cotidiana, la palabra "día" es un término flexible que expresa unidades de tiempo de diversa duración. En Génesis 2:4 se engloba a los seis días creativos en un solo "día". La palabra hebrea que se traduce "día" en la Biblia puede significar simplemente "un período largo".6 De modo que no hay razón para mantener que los días creativos duraron veinticuatro horas cada uno. Al enseñar lo contrario, los fundamentalistas tergiversan la Biblia. (Véase también 2 Pedro 3:8.)
A lo largo de la historia, los teólogos han distorsionado las Escrituras muchas veces. Examinemos otros casos en los que las religiones de la cristiandad han tergiversado lo que dice la Biblia.
Tergiversada por la religión

Sucede con frecuencia que las acciones de quienes alegan seguir la Biblia empañan la reputación del libro que afirman reverenciar. Muchos supuestos cristianos han derramado la sangre de sus semejantes en el nombre de Dios. Sin embargo, la Biblia insta a los seguidores de Cristo a "que se amen unos a otros". (Juan 13:34, 35; Mateo 26:52.)

Algunos clérigos esquilman sus rebaños, sacándoles el dinero que con tanto esfuerzo han ganado, un proceder que difiere mucho de la instrucción bíblica: "Recibieron gratis; den gratis". (Mateo 10:8; 1 Pedro 5:2, 3.)

Está claro que no se puede juzgar la Biblia por las palabras y acciones de quienes simplemente la citan o afirman vivir en armonía con ella. Por esa razón, la persona imparcial hace bien en averiguar por sí misma de qué trata la Biblia y por qué es un libro tan excepcional.
Por ejemplo, hoy día hasta los astrónomos más literalistas hablan de la "salida" y la "puesta" del Sol, las estrellas y las constelaciones, aunque lo cierto es que solo se mueven en apariencia debido a la rotación de la Tierra.

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