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martes, 14 de octubre de 2008

Galileo tenia Razon sin contradecir las escrituras



ESTAMOS a 22 de junio de 1633. Un débil anciano está arrodillado ante el tribunal de la Inquisición romana. Es un hombre de ciencia, uno de los más conocidos de la época. Sus conclusiones científicas son el resultado de largos años de estudio e investigación. No obstante, si desea salvar su vida, debe negar lo que sabe que es cierto.

Este hombre se llamaba Galileo Galilei. El "caso Galileo", como muchos lo denominan, ha originado dudas, preguntas y una polémica cuyos ecos llegan hasta el día de hoy, unos trescientos setenta años después. Sin duda ha dejado una huella indeleble en la historia de la religión y la ciencia. Pero ¿por qué ha causado tanto revuelo? ¿Y por qué se ha convertido nuevamente en noticia en nuestros días? ¿Acaso porque simboliza una "brecha entre la ciencia y la religión", como dijo cierto autor?

Muchas personas consideran a Galileo, que destacó como matemático, astrónomo y físico, el "padre de la ciencia moderna". Fue uno de los primeros hombres que escudriñaron los cielos con un telescopio, y empleó sus observaciones para sustentar una teoría que era objeto de candente debate en su día: que la Tierra gira alrededor del Sol y que, por lo tanto, no es el centro del universo. Esto explica por qué a veces se lo ve como el creador del método experimental moderno.

¿Cuáles fueron algunos de sus descubrimientos e inventos? En su papel de astrónomo descubrió, entre otras cosas, que Júpiter tiene satélites, que la Vía Láctea está formada por estrellas, que en la Luna hay montañas y que Venus experimenta fases al igual que la Luna. Como físico, estudió las leyes que rigen el movimiento de los péndulos y la caída de los objetos.
También inventó instrumentos como el compás proporcional, una especie de regla de cálculo. Y basándose en datos llegados de Holanda, construyó el telescopio que puso el universo al alcance de sus ojos.

Su prolongado enfrentamiento con la jerarquía eclesiástica, sin embargo, transformó la trayectoria de este ilustre científico en un drama: el caso Galileo. ¿Cómo empezó y por qué?
Conflicto con Roma

Ya a finales del siglo XVI, Galileo había adoptado la teoría de Copérnico. Según esta, la Tierra gira en torno al Sol, y no al revés, lo que se conoce como sistema heliocéntrico.
En 1610 descubrió con su telescopio cuerpos celestes que nunca antes se habían observado, y se convenció de que había encontrado la confirmación de dicha teoría.

Según el Grande Dizionario Enciclopedico UTET, el objetivo de Galileo no era sencillamente realizar estos descubrimientos. Deseaba persuadir a "los personajes de mayor categoría de la época (príncipes y cardenales)" de la veracidad de la teoría de Copérnico.
Abrigaba la esperanza de vencer las objeciones de la Iglesia, e incluso ganar su apoyo, con la ayuda de amigos influyentes.

En 1611, Galileo viajó a Roma para reunirse con altos cargos eclesiásticos.
Pero, aunque utilizó el telescopio a fin de mostrarles sus descubrimientos astronómicos, las cosas no resultaron como había esperado.
Para 1616, Galileo era oficialmente objeto de investigación.

Los teólogos de la Inquisición romana calificaron la teoría heliocéntrica de "filosóficamente insensata y absurda, y formalmente herética, ya que en muchos aspectos contradice de forma expresa las oraciones de las Sagradas Escrituras en su significado literal, su interpretación común y la opinión de los Santos Padres y de los doctores en teología".

Galileo se reunió con el cardenal Roberto Bellarmino, considerado el mayor teólogo católico de sus días y apodado "el martillo de los herejes". Este advirtió de manera formal a Galileo que dejara de propagar sus ideas acerca de un sistema heliocéntrica.
Cara a cara con la Inquisición

Galileo intentó actuar con prudencia, pero sin dejar de defender la teoría de Copérnico. Diecisiete años después, en 1633, compareció ante el tribunal inquisidor. Aunque el cardenal Bellarmino ya había muerto, para ese entonces su principal opositor era el papa Urbano VIII, quien en el pasado le había favorecido. Algunos autores han considerado este proceso uno de los más famosos e injustos de la antigüedad, equiparable a los de Sócrates y Jesús.

¿Qué condujo a la celebración del juicio? Galileo había escrito un libro titulado Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo, en el cual, como era de esperar, defendía el heliocentrismo. En 1632 fue citado ante el tribunal, pero como estaba enfermo y contaba casi 70 años, se demoró. Para evitar que lo arrestaran y lo llevaran encadenado, finalmente viajó a Roma al año siguiente. Por orden del Papa, Galileo fue interrogado e incluso amenazado con ser sometido a torturas.

La cuestión de si este anciano enfermo fue torturado o no sigue desatando polémica.
En conformidad con la sentencia condenatoria, lo sometieron a un "riguroso examen", expresión técnica con la que se aludía a la tortura en aquella época, según Italo Mereu, historiador de Derecho italiano. Otros eruditos concuerdan con esta interpretación.

En cualquier caso, Galileo fue condenado el 22 de junio de 1633 en una austera sala ante los miembros del tribunal inquisidor.
Se le declaró culpable de "haber defendido y creído la doctrina falsa, contraria a las Sagradas y Divinas Escrituras, de que el Sol [...] no se desplaza de este a oeste, y de que la Tierra se mueve y no es el centro del mundo".

Puesto que Galileo no quería convertirse en mártir, tuvo que retractarse. Tras la lectura de su sentencia, el anciano científico, de rodillas y ataviado como un penitente, declaró con solemnidad: "Abjuro, maldigo y aborrezco los susodichos errores y herejías [la teoría de Copérnico], y en general cualquier otro error, herejía y secta contraria a la Santa Iglesia".

Según la tradición popular —sin pruebas de peso que la confirmen—, después de haberse retractado, Galileo golpeó el suelo con el pie y protestó: "¡Y sin embargo se mueve!". Los comentaristas afirman que la humillación de haber abjurado de sus descubrimientos mortificó al científico hasta la muerte. Su condena a prisión se conmutó por la de arresto domiciliario de por vida. Y a medida que perdía la vista, fue quedándose prácticamente aislado.

¿Conflicto entre la religión y la ciencia?

Muchas personas han llegado a la conclusión de que la experiencia de Galileo demuestra que la ciencia y la religión son irremediablemente incompatibles. De hecho, a lo largo de los siglos su caso no solo ha distanciado a la gente de la religión, sino que ha convencido a muchos de que esta es por naturaleza una amenaza para el progreso científico. Pero ¿es eso cierto?

El papa Urbano VIII y los teólogos de la Inquisición romana condenaron la teoría copernicana alegando que era contraria a la Biblia. Los detractores de Galileo citaban las palabras de Josué "Sol, tente inmóvil", las cuales, según ellos, había que entender literalmente (Josué 10:12). Sin embargo, ¿de veras contradecía la Biblia la teoría de Copérnico? De ningún modo.

Lo que estaba en contradicción con la ciencia era una evidente interpretación errónea de las Escrituras. Así lo veía Galileo. En una carta a un discípulo suyo escribió: "Aunque la Escritura no puede errar, con todo podría a veces errar, de varias maneras, alguno de sus intérpretes y expositores. Una de estas, muy grave y frecuente, sería la de siempre querer interpretarla en el sentido más literal". Ningún estudiante serio de la Biblia negaría esta aseveración.

Galileo fue más allá. Afirmó que dos libros escritos por el mismo Autor —la Biblia y el libro de la naturaleza— no podían contradecirse el uno al otro. Pero añadió que nadie podía "asegurar con certeza que todos los intérpretes hablaran por inspiración divina". Es probable que esta crítica implícita de la interpretación oficial de la Iglesia se tomara como una provocación y fuera la causa de que la Inquisición romana condenara al científico. A fin de cuentas, ¿cómo osaba un simple laico criticar las prerrogativas de la Iglesia?

Basándose en el caso de Galileo, varios eruditos han planteado dudas sobre la infalibilidad de la Iglesia y del Papa. El teólogo católico Hans Küng señala que "los errores del magisterio de la Iglesia son muchos y graves", y que algunos de estos, como "la condenación de Galileo", han provocado desconfianza hacia el dogma de la infalibilidad.
¿Rehabilitar a Galileo?

En noviembre de 1979, un año después de su elección, Juan Pablo II confiaba en que se revisara la situación de Galileo, quien, como el propio Papa admitió, "sufrió mucho [...] por la acción de hombres y organismos de la Iglesia". Trece años más tarde, en 1992, una comisión designada por el mismo Papa reconoció: "Algunos teólogos contemporáneos de Galileo no supieron interpretar el significado profundo, no literal, de las Escrituras, cuando éstas describen la estructura física del universo creado".

No obstante, la teoría heliocéntrica no fue criticada únicamente por los teólogos. El papa Urbano VIII, que desempeñó un importante papel en el proceso de Galileo, insistía de manera inflexible en que este se abstuviera de socavar la doctrina eclesiástica de siglos de antigüedad de que la Tierra es el centro del universo. Pero tal enseñanza no procedía de la Biblia, sino del filósofo griego Aristóteles.

Después de que esta comisión moderna hiciera una laboriosa revisión del caso, el Papa dijo que la condena de Galileo había sido "una decisión apresurada y desafortunada". Ahora bien, ¿se rehabilitó al científico? "Hablar, como algunos hacen, de la rehabilitación de Galileo es absurdo —señala cierto autor—, porque la historia no condena a Galileo, sino al tribunal eclesiástico." El historiador Luigi Firpo añade: "No les corresponde a los perseguidores rehabilitar a sus víctimas".

La Biblia es "una lámpara que resplandece en un lugar oscuro" (2 Pedro 1:19). Galileo quiso protegerla de una mala interpretación. Pero la Iglesia, al respaldar una tradición humana que desacreditaba a la Biblia, hizo todo lo contrario.

Todo lector honrado convendrá en que la declaración de que el Sol se quedó inmóvil en el cielo no se produjo como resultado de un análisis científico, sino que fue un simple comentario de lo ocurrido desde la perspectiva de un testigo ocular humano. Del mismo modo, los astrónomos hablan a menudo de la salida y la puesta del Sol, los planetas y las estrellas, y con ello no están diciendo que dichos cuerpos celestes giren literalmente alrededor de la Tierra, sino que parecen cruzar el cielo.
Biografía de Galileo

Nacido en Pisa en 1564 de padre florentino, Galileo estudió medicina en la universidad de su ciudad natal. Su escaso interés en esta disciplina le llevó a abandonarla por los estudios de física y matemáticas. En 1585 regresó con su familia sin haber obtenido ninguna titulación académica.
Aun así, pudo acceder al puesto de profesor de Matemáticas de la Universidad de Pisa porque se había ganado la estima de los mayores entendidos en esa materia de su día. Tras la muerte de su padre, las dificultades económicas lo obligaron a mudarse a Padua, donde lo nombraron para un cargo más lucrativo, el de catedrático de Matemáticas en la universidad de la ciudad.

Durante los dieciocho años que Galileo residió en Padua, tuvo tres hijos con su joven amante veneciana.
En 1610 volvió a Florencia, donde mejoró su situación económica y pudo dedicar más tiempo a la investigación, aunque tuvo que sacrificar la libertad de la que había disfrutado en el territorio de la República Veneciana. El gran duque de Toscana lo nombró "primer filósofo y matemático". Galileo murió en Florencia en 1642, mientras se hallaba bajo arresto domiciliario a consecuencia de la sentencia condenatoria de la Inquisición.
Gentileza : www.watchtower.org

domingo, 31 de agosto de 2008

Genios de la Astronomia : Galileo Galilei

Los 2 Anteojos de Galileo

Observa 4 lunas alrrededor de Jupiter
Galileo defiende su descubrimiento

"La tesis del doble movimiento de la Tierra, sobre su eje y alrededor del Sol, es falsa y completamente opuesta a la Santa Escritura", afirmó la Congregación del Índice de la Iglesia Católica en un decreto de 1616.1 ¿Discrepa realmente la Biblia de los hechos científicos? ¿O es que la han tergiversado?

EN EL invierno de 1609 a 1610, Galileo Galilei dirigió al cielo el anteojo que acababa de fabricar y descubrió cuatro lunas que daban vueltas alrededor de Júpiter. Aquel hallazgo desbarató la idea, común en aquel tiempo, de que todos los cuerpos celestes giraban en torno a la Tierra. Años antes, en 1543, el astrónomo polaco Nicolás Copérnico había formulado la teoría de que los planetas describían órbitas alrededor del Sol. Galileo comprobó que esta era una verdad científica.

No obstante, para los teólogos católicos se trataba de una idea herética. La Iglesia había sostenido por mucho tiempo que la Tierra era el centro del universo.2 Aquella postura se fundaba en una interpretación literal de textos bíblicos que dicen que la Tierra está cimentada "sobre sus bases, y no vacilará por los siglos de los siglos". (Salmo 104:5, Pontificio Instituto Bíblico.) Galileo tuvo que ir a Roma para comparecer ante la Inquisición, que lo sometió a un interrogatorio riguroso, lo obligó a retractarse de sus descubrimientos y lo puso en detención domiciliaria hasta el fin de sus días.

En 1992, unos trescientos cincuenta años después de su muerte, la Iglesia Católica reconoció al fin que, después de todo, la idea de Galileo era la correcta.3 Pero si él tenía razón, ¿estaba equivocada la Biblia?

El verdadero sentido de los pasajes bíblicos

Galileo creía que la Biblia era veraz. Cuando sus descubrimientos científicos contradijeron la interpretación común de ciertos versículos bíblicos, llegó a la conclusión de que los teólogos no habían entendido el auténtico significado de los pasajes. Al fin y al cabo, "dos verdades no pueden contraponerse nunca", escribió.4 Propuso la explicación de que los términos precisos de la ciencia no contradicen el lenguaje común de la Biblia. Pero los teólogos no se dejaban convencer. Insistían en que todas las afirmaciones bíblicas acerca de la Tierra debían tomarse al pie de la letra. Como consecuencia, no solo rechazaron los descubrimientos de Galileo, sino que también perdieron de vista el verdadero sentido de esas expresiones bíblicas.

En realidad, el sentido común debería dictar que cuando la Biblia habla de "los cuatro ángulos de la tierra", no quiere decir que sus escritores entendieran que la Tierra era literalmente cuadrada. (Revelación 7:1.) La Biblia está escrita en el lenguaje de la gente común, por lo que a menudo utiliza metáforas gráficas. De modo que cuando dice que la Tierra tiene "cuatro ángulos", un "fundamento" perdurable, "pedestales" y una "piedra angular", no está describiendo científicamente la Tierra; es obvio que está utilizando metáforas, como lo hacemos nosotros frecuentemente en el habla diaria. (Isaías 51:13; Job 38:6.)

En su libro Galileo Galilei, el biógrafo L. Geymonat escribió: "Los teólogos de mentalidad excesivamente estrecha, que pretenden basarse en los razonamientos bíblicos para fijar límites a la ciencia, no hacen más que desacreditar a la Biblia misma".5 Eso fue exactamente lo que hicieron. De hecho, fue la interpretación de los teólogos, no la Biblia, la que puso trabas irrazonables a la ciencia.

De igual modo, los fundamentalistas religiosos contemporáneos tergiversan la Biblia cuando insisten en que la Tierra fue creada en seis días de veinticuatro horas. (Génesis 1:3-31.) Esa opinión no concuerda ni con la ciencia ni con la Biblia. En las Escrituras, al igual que en el habla cotidiana, la palabra "día" es un término flexible que expresa unidades de tiempo de diversa duración. En Génesis 2:4 se engloba a los seis días creativos en un solo "día". La palabra hebrea que se traduce "día" en la Biblia puede significar simplemente "un período largo".6 De modo que no hay razón para mantener que los días creativos duraron veinticuatro horas cada uno. Al enseñar lo contrario, los fundamentalistas tergiversan la Biblia. (Véase también 2 Pedro 3:8.)
A lo largo de la historia, los teólogos han distorsionado las Escrituras muchas veces. Examinemos otros casos en los que las religiones de la cristiandad han tergiversado lo que dice la Biblia.
Tergiversada por la religión

Sucede con frecuencia que las acciones de quienes alegan seguir la Biblia empañan la reputación del libro que afirman reverenciar. Muchos supuestos cristianos han derramado la sangre de sus semejantes en el nombre de Dios. Sin embargo, la Biblia insta a los seguidores de Cristo a "que se amen unos a otros". (Juan 13:34, 35; Mateo 26:52.)

Algunos clérigos esquilman sus rebaños, sacándoles el dinero que con tanto esfuerzo han ganado, un proceder que difiere mucho de la instrucción bíblica: "Recibieron gratis; den gratis". (Mateo 10:8; 1 Pedro 5:2, 3.)

Está claro que no se puede juzgar la Biblia por las palabras y acciones de quienes simplemente la citan o afirman vivir en armonía con ella. Por esa razón, la persona imparcial hace bien en averiguar por sí misma de qué trata la Biblia y por qué es un libro tan excepcional.
Por ejemplo, hoy día hasta los astrónomos más literalistas hablan de la "salida" y la "puesta" del Sol, las estrellas y las constelaciones, aunque lo cierto es que solo se mueven en apariencia debido a la rotación de la Tierra.

jueves, 28 de agosto de 2008

Genios de la Astronomia : Copernico


El hombre que “puso la Tierra en movimiento”
“Si por casualidad hay [charlatanes] que, aun siendo ignorantes de todas las matemáticas, presumiendo de un juicio sobre ellas por algún pasaje de las Escrituras, malignamente distorsionado de su sentido, se atrevieran a rechazar y atacar esta estructuración mía, no hago en absoluto caso de ellos, hasta el punto de que condenaré su juicio como temerario.”

NICOLÁS COPÉRNICO escribió lo antedicho al papa Paulo III en el prefacio de su innovadora obra titulada Sobre las revoluciones (de los orbes celestes), que se publicó en 1543. Tocante a las opiniones vertidas en esta obra, Christoph Clavius, sacerdote jesuita del siglo XVI, dijo: “La teoría copernicana contiene numerosas aserciones absurdas y erróneas”. El teólogo alemán Martín Lutero se lamentó así: “Este necio pretende trastornar toda la ciencia de la astronomía”.

¿Quién fue Copérnico? ¿Por qué generaron tanta polémica sus postulados? ¿Y cómo han influido en el pensamiento moderno?

Un joven cerebro sediento de conocimiento

Nicolás Copérnico —en polaco Niklas Koppernigk— nació el 19 de febrero de 1473 en Torún (Polonia). Tiempo después, al empezar a escribir tratados científicos, adoptó la forma latinizada de su nombre, Nicolaus Copernicus, de la cual se deriva la forma española. Cuando contaba apenas 11 años de edad, murió su padre, un comerciante de Torún que tenía cuatro hijos, de los cuales Nicolás era el menor. Un tío materno, Lucas Waczenrode, aceptó la tutela de los cuatro, se encargó de que Nicolás obtuviera una buena educación y lo encaminó a la carrera eclesiástica.

La formación de Copérnico comenzó en su pueblo natal y siguió en la cercana Chełmno.
Allí aprendió latín y estudió las obras de autores de la antigüedad. A los 18 años se trasladó a Cracovia (por entonces capital de Polonia), donde ingresó en la universidad y avivó su pasión por la astronomía. Al acabar los estudios, su tío, que ya era obispo de Warmia, le pidió que se mudara a Frombork —ciudad a orillas del mar Báltico— para ocupar el puesto de canónigo del cabildo catedralicio.

Sin embargo, el joven Copérnico, de 23 años, deseaba saciar sus ansias de saber, así que convenció a su tío para que le permitiese estudiar derecho canónico, medicina y matemáticas en las universidades italianas de Bolonia y Padua. Allí trabó contacto con el astrónomo Domenico Maria de Novara y el filósofo Pietro Pomponazzi. El historiador Stanisław Brzostkiewicz asegura que la influencia de este último liberó “la mente del joven astrónomo de las ataduras de la ideología medieval”.

En su tiempo libre, Copérnico estudió los tratados de los antiguos astrónomos y llegó a sumirse tanto en ello que, al ver que las obras en latín estaban incompletas, aprendió griego a fin de investigar los textos originales. Al término de su formación, Copérnico era matemático y médico y se había doctorado en Derecho Canónico. Además, era un docto en griego y fue el primero en traducir un documento directamente de este idioma al polaco.
Se fragua una teoría revolucionaria

Cuando Copérnico regresó a Polonia, su tío, el obispo, lo nombró su secretario personal, consejero y médico, un puesto muy prestigioso. En las décadas siguientes, ocupó diversos cargos administrativos, tanto civiles como religiosos. Con todo, siguió estudiando las estrellas y los planetas, recogiendo datos que apoyaran su revolucionaria teoría de que la Tierra no estaba inmóvil en el centro del universo, sino que giraba en torno al Sol.

Esta teoría contradecía los postulados del venerado filósofo Aristóteles y el modelo del universo propuesto por el matemático griego Tolomeo. Además, las hipótesis copernicanas negaban el “hecho” aparentemente obvio de que el Sol se elevaba por el oriente y recorría el cielo para ponerse por el occidente, mientras la Tierra permanecía inmóvil.
Copérnico no fue el primero en afirmar que la Tierra giraba en torno al Sol, pues el astrónomo griego Aristarco de Samos ya había propuesto esta idea en el siglo tercero antes de nuestra era. Los discípulos de Pitágoras habían enseñado que tanto la Tierra como el Sol giraban alrededor de un fuego central. En contraposición, Tolomeo escribió que si nuestro planeta se moviera, “los animales y otros elementos pesados quedarían flotando en el aire, y la Tierra caería rápidamente fuera de los cielos”. Y agregó: “El mero hecho de concebir tales ideas resulta ridículo”.

Tolomeo apoyaba el concepto aristotélico de que la Tierra permanecía inmóvil en el centro del universo, rodeada de una serie de esferas transparentes y concéntricas en las que se hallaban fijados el Sol, los planetas y las estrellas. Suponía que el movimiento de estas esferas transparentes causaba el movimiento de los cuerpos celestes. Sus fórmulas matemáticas explicaron con cierto grado de exactitud el curso de los planetas en el cielo nocturno.

Sin embargo, los defectos del sistema tolemaico llevaron a Copérnico a buscar otra explicación para los peculiares movimientos de los planetas. Para confirmar su teoría, reconstruyó los instrumentos que utilizaron los antiguos astrónomos. Aunque desde el punto de vista actual parecen sencillos, le permitieron calcular las distancias relativas entre los planetas y el Sol. Copérnico dedicó años a precisar las fechas en las que sus predecesores habían realizado algunas observaciones astronómicas relevantes. Armado de estos datos, se puso a trabajar en el polémico documento que desplazaba al hombre del centro del universo.
Permisos Solicitados en Chile por Carlosalvador el año 2000 .

miércoles, 27 de agosto de 2008

Genios de la Astronomia: Kepler


El hombre que desentrañó los secretos del sistema solar


Para los europeos del siglo XVI, los cometas eran un fenómeno portentoso. Tanto es así, que cuando se hizo visible uno que había anunciado el astrónomo danés Tycho Brahe, Katharina Kepler sacó de la cama a su pequeño de seis años, Johannes, para que lo viera. Más de dos décadas después, cuando falleció Brahe, el matemático imperial del Sacro Imperio Romano, ¿a quién nombró el emperador Rodolfo II para que tomara el cargo? Al mismo Johannes, ya de 29 años, quien se mantuvo de por vida en ese puesto.

Kepler no solo se destacó en matemáticas, sino también en óptica y astronomía. Era pequeño de estatura, pero poseía un intelecto pasmoso, además de una firmeza de carácter que le permitió soportar la discriminación de que fue objeto por no convertirse al catolicismo, aun bajo enormes presiones.


Genio de las matemáticas
Su nacimiento tuvo lugar en 1571 en Weil der Stadt, un pequeño pueblo situado en los límites de la Selva Negra alemana. Pese a ser de familia pobre, tuvo acceso a una buena educación gracias al apoyo económico de ciertos nobles de la región. Como aspiraba a convertirse en ministro luterano, cursó estudios de Teología en la Universidad de Tubinga. No obstante, su genio matemático se hizo patente, y al fallecer un profesor de Matemáticas de la Escuela Luterana de Graz (Austria), pasó a ocupar la plaza. Durante su estancia en esa ciudad publicó su primera gran obra, El misterio cosmográfico.


El astrónomo Tycho Brahe llevaba largos años anotando minuciosamente sus observaciones planetarias. Cuando leyó El misterio cosmográfico, quedó tan impresionado con la percepción matemática y astronómica de Kepler, que lo invitó a unírsele en Benatky, localidad próxima a Praga que actualmente forma parte de la República Checa. Al verse obligado a abandonar Graz debido a la intolerancia religiosa, Kepler aceptó la invitación. Y como se mencionó antes, al fallecer Brahe, él fue su sucesor; la corte imperial había perdido un observador meticuloso, pero había ganado un matemático genial.


Revolución en el campo de la óptica
A fin de aprovechar al máximo las observaciones planetarias de Brahe, Kepler necesitaba comprender mejor la refracción de la luz. ¿Cómo se refracta la luz reflejada de un planeta al penetrar en la atmósfera terrestre? Sus explicaciones aparecieron en su Suplemento a Vitelio, en el que se expone la parte óptica de la astronomía, libro en el que amplió el trabajo del científico medieval Vitelio y que constituyó una revolución en la óptica: era el primer erudito que explicaba el funcionamiento del ojo.

Kepler, sin embargo, no tenía la óptica como su principal cometido, sino la astronomía. Para los astrónomos de la antigüedad, el cielo era una esfera hueca con las estrellas pegadas por dentro como si fueran diamantes relucientes. Tolomeo consideraba que la Tierra era el centro del universo, en tanto que Copérnico afirmaba que todos los planetas giraban en torno a un Sol estático. La propuesta de Brahe, en cambio, era que los otros cuerpos giraban en torno al Sol, pero que este, a su vez, orbitaba alrededor de la Tierra. Además, puesto que en relación con nuestro mundo los demás planetas son cuerpos celestes, se consideraban perfectos y, por tanto, el único movimiento que se pensaba adecuado para ellos era un círculo perfecto a una velocidad constante. Ese era el ambiente en el que Kepler emprendió su carrera como matemático imperial.

Los inicios de la astronomía moderna
Equipado con las tablas de las observaciones planetarias de Brahe, Kepler estudió los movimientos cósmicos y llegó a sus propias conclusiones. A su genio matemático lo acompañaban una firme resolución y una curiosidad insaciable.

Atestiguan su portentosa capacidad de trabajo los 7.200 cálculos complejos que realizó cuando estudió las tablas sobre Marte.

Y fue Marte el que captó primero su atención. Un meticuloso estudio de las tablas reveló que dicho planeta sí describía una órbita en torno al Sol, pero no circular. La única figura que concordaba con sus observaciones era la de una elipse, con el Sol en uno de sus focos. Entonces Kepler comprendió que la clave para desentrañar los secretos del cielo no era Marte, sino la Tierra. Como señala el profesor Max Caspar, "el ingenio de Kepler lo llevó a un enfoque genial" en el que dio un uso revolucionario a las tablas: dejó de usarlas para investigar Marte y se ubicó imaginariamente sobre él para observar más bien la Tierra. Fue así que dedujo que la velocidad de esta variaba en proporción inversa a la distancia que la separaba del Sol.

Kepler comprendió que el astro rey no solo era el centro del sistema solar, sino que también era como un imán que rotaba sobre su propio eje y que ejercía una fuerza que afectaba al movimiento de los planetas.

El profesor Caspar escribe: "Este fue el gran concepto nuevo que lo guió a partir de entonces en sus investigaciones y que lo condujo a descubrir sus leyes". Para Kepler, todos los planetas eran cuerpos físicos gobernados armoniosamente por un conjunto uniforme de leyes: lo que había aprendido de Marte y la Tierra debería ser cierto del resto de los planetas, por lo que concluyó que todos describían una órbita elíptica en torno al Sol a una velocidad que variaba según lo alejados que estuvieran de él.

Las leyes de Kepler sobre el movimiento planetario

En 1609, Kepler publicó su Nueva astronomía, reconocida como el primer tratado de la astronomía moderna y uno de los trabajos más importantes jamás escritos sobre esa materia. Esta obra maestra contenía sus dos primeras leyes sobre el movimiento planetario. La tercera apareció en el libro Sobre la armonía del mundo, publicado en 1619, mientras Kepler vivía en Linz (Austria). Estas son las leyes que describen el movimiento básico de los planetas: la forma de sus órbitas alrededor del Sol, la velocidad de desplazamiento y la relación entre la distancia del planeta al Sol y el tiempo que le toma completar un período orbital.

¿Cuál fue la reacción de sus contemporáneos? Los demás astrónomos no captaron la trascendencia de sus leyes; algunos incluso se aterraron invadidos por la incredulidad. Pero quizás no se les pueda culpar del todo, en vista de que los trabajos de Kepler estaban oscurecidos por una redacción en latín casi tan impenetrable como las nubes del planeta Venus. No obstante, el tiempo le dio la razón: setenta años más tarde, Isaac Newton se valió de su obra para elaborar sus propias leyes del movimiento y la gravitación universal. En la actualidad se reconoce a Kepler como uno de los más grandes científicos de la historia, aquel que sacó la astronomía de la época medieval y la introdujo en la era moderna.

Europa enfrascada en guerras religiosas

La guerra de los Treinta Años estalló el mismo mes en que Kepler formuló su tercera ley. El asesinato y el saqueo en nombre de la religión diezmaron Europa durante aquel período (1618-1648), y Alemania perdió un tercio de su población. La caza de brujas se volvió algo cotidiano. La madre de Kepler fue acusada de hechicería, escapando por poco de la ejecución. Si, según parece, antes de la guerra el astrónomo percibía sus honorarios de forma muy irregular, durante ella difícilmente recibió paga alguna.

Kepler, que era luterano, fue víctima de persecución y prejuicio por motivos religiosos a lo largo de su vida. Tuvo que salir de Graz —con las consiguientes pérdidas y aflicciones— porque rehusó convertirse al catolicismo. En Benatky volvió a enfrentarse a varios intentos de persuasión para que se convirtiera, pero se le hacía imposible aceptar el culto a imágenes y santos, prácticas que consideraba obra del maligno. En Linz, tras una diferencia con otros luteranos que creían que Dios era omnipresente, fue excluido de la Cena del Señor .

Puesto que estaba convencido de que la armonía planetaria debería manifestarse entre los seres humanos, la intolerancia religiosa le parecía abominable. Por tanto, se adhirió a sus creencias y aceptó sufrir por ello. Al respecto, la obra Johannes Kepler, por Ernst Zinner, reproduce el siguiente fragmento del astrónomo: "Padecer al lado de muchos hermanos por causa de la religión y para la gloria de Cristo, soportando perjuicio y vergüenza, dejando la casa, los campos, los amigos y el hogar, es algo que jamás pensé que fuera tan agradable".

En 1627 publicó las Tablas rudolfinas, a las que se refirió como su obra máxima en astronomía. A diferencia de las anteriores, esta recibió una gran acogida y no tardó en convertirse en referencia obligada de astrónomos y navegantes. Finalmente, en noviembre de 1630, falleció en Ratisbona (Alemania). Uno de sus colegas dijo que no dejaba de asombrarse al encontrar en Johannes Kepler "tan bien fundado saber y tan enorme caudal de los secretos más profundos del conocimiento". Ciertamente, un merecido tributo al hombre que desentrañó los secretos del sistema solar.


Se reconoce a Kepler como uno de los más grandes científicos de la historia, aquel que sacó la astronomía de la época medieval y la introdujo en la era moderna


Convencido de que la armonía planetaria debería manifestarse entre los seres humanos, la intolerancia religiosa le parecía abominable


Johannes Kepler se labró con sus hallazgos la reputación de astrónomo brillante. Hay que admitir, no obstante, que su pensamiento se vio influido por las ideas religiosas de su tiempo, razón por la cual escribió extensamente sobre astrología, a pesar de haber rechazado "gran parte de lo que se afirmaba sobre la influencia de las estrellas".

Fue, además, un firme creyente en la Trinidad de la cristiandad. "Uno de los conceptos a los que más apegado se sintió —la Trinidad cristiana representada por una esfera geométrica y, por ende, por la creación visible— era literalmente una reflexión sobre este misterio divino (Dios Padre era el centro, Cristo el Hijo la circunferencia, y el Espíritu Santo el espacio intermedio)." (Encyclopædia Britannica.)

En marcado contraste con Kepler, sir Isaac Newton rechazó la doctrina de la Trinidad, principalmente porque no le encontró ningún apoyo bíblico al examinar las afirmaciones de los credos y los concilios religiosos. De hecho, creía firmemente en la soberanía suprema de Jehová Dios y que Jesucristo era inferior a su Padre, como lo muestran las Santas Escrituras (1 Corintios 15:28).


Las leyes de Kepler


Las leyes enunciadas por Kepler sobre el movimiento de los planetas siguen considerándose el punto de partida de la astronomía moderna. Pueden resumirse como sigue:

1 Los planetas describen órbitas elípticas en torno al Sol, que es uno de los focos de la elipse

← Sol ←
↓ ↑
↓ ↑
Planeta ● ↑
→ → →


2 Cuanto más cerca esté un planeta del Sol, con más rapidez se desplazará. Sin importar a qué distancia se halle de este astro, una línea imaginaria que vaya del centro del Sol al centro del planeta barrerá áreas iguales en intervalos de tiempo iguales
El planeta se mueve más rápido El planeta se mueve más despacio


A ● B
↓ ↑
↓ Sol A


● B

A


● B

Por tanto, si el tiempo que le toma al planeta viajar del punto A al punto B es el mismo en cada caso, entonces las áreas sombreadas son iguales


3 El tiempo que le toma a un planeta completar una órbita alrededor del Sol se conoce como período orbital. El cuadrado de los períodos de dos planetas dados será proporcional al cubo del promedio de sus distancias al Sol


Distancia del Período Período2 Distancia3
Planeta planeta al Sol en años
Mercurio 0,387 0,241 0,058 0,058
Venus 0,723 0,615 0,378 0,378
Tierra 1 1 1 1
Marte 1,524 1,881 3,538 3,540
Júpiter 5,203 11,862 140,707 140,851
Saturno 9,539 29,458 867,774 867,977
↑ ↑
Nótese que estas dos cifras son iguales o casi iguales para todos los planetas. La diferencia aumenta cuanto más lejos esté el planeta del Sol. Más tarde, Isaac Newton refinó la ley de Kepler en su ley de la gravitación universal y aportó las correcciones necesarias al incluir la masa del respectivo planeta y del Sol.



Distancia relativa comparada con la de la Tierra. Por ejemplo, la distancia de Marte al Sol es 1,524 veces la de la Tierra.

Cortesia http://www.watchtower.org/

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